El abordaje apropiado al rejuvenecimiento facial pasa
por que el Cirujano Plástico evalúe y diferencie los cambios
cuantitativos de los cambios cualitativos. Los cambios
cuantitativos pasan por soluciones quirúrgicas para
eliminar tejidos sobrantes o elevar y recolocar la piel, la
grasa y la musculatura.
Los cambios cualitativos necesitan otro enfoque; requieren de la fortificación de los tejidos
( realizado mediante exfoliación o rellenos ), mantenimiento de esta fortificación ( mediante
dieta, hábitos, tratamientos de piel, protección solar, etc.) y eliminación de determinados
agentes causales del envejecimiento ( mediante protección solar, dieta y hábitos, control
de la movilidad muscular, etc.). Por tanto, el envejecimiento facial está producido por
múltiples factores.
Los movimientos de la cara ya sea en su vertiente puramente fisiológica (hablar, comer,
etc.) como en la vertiente expresiva, generan a lo largo de la vida determinados tipos de
surcos y arrugas. La coexistencia con otros cambios cualitativos o cuantitativos agravará o
no todos estos signos.
La toxina botulínica es una proteína producida por la
bacteria Clostridium Botulinum que tiene la propiedad de
alterar determinadas terminaciones nerviosas responsables
de la contracción de los músculos. Una vez que la toxina
entra en contacto con estas terminaciones, las altera produciendo
parálisis muscular temporal. El efecto de la toxina es
transitorio, de forma que las terminaciones nerviosas afectadas
vuelven a la normalidad en un periodo de tiempo variable
que no suele superar los seis meses . Es por este motivo
que para mantener los resultados obtenidos se deben
repetir las inyecciones con una determinada periodicidad.
Los primeros usos de este producto datan de 1920. En
1974, la forma purificada de la toxina, se comenzó a emplear
en el tratamiento del estrabismo. Desde 1992 se viene
empleando rutinariamente en tratamientos estéticos, el primero
de los cuales fue el suavizado de las arrugas del entrecejo.
Los efectos de la toxina sobre los músculos suelen comenzar
en unas 48 horas y alcanzan el máximo en unos 5 a
7 días. Transcurridos tres a seis meses la musculatura paralizada
vuelve a la normalidad. Durante el tiempo de acción
no existe, hasta el día de hoy, ninguna forma de contrarrestar
el efecto. Debido a la naturaleza de acción de este producto
y a la respuesta del organismo para neutralizar su efecto, no es aconsejable repetir tratamientos antes de los tres meses o utilizar
dosis más altas de las aconsejadas.
El tratamiento con toxina botulínica podrá mejorar su apariencia y su autoestima, pero
no necesariamente conseguirá un aspecto “ideal o perfecto” o cambiará la apreciación
que los demás tengan de Ud. Antes de decidirse por este tipo de tratamiento piense cuidadosamente
en sus expectativas y discútalas con nosotros.
Los mejores candidatos para recibir tratamiento mediante toxina botulínica son aquellos
pacientes que presentan, fundamentalmente, arrugas o surcos faciales producidos o
agravados por la expresión facial. Entre este tipo de arrugas se encuentran las del entrecejo,
las arrugas transversales de la frente, las patas de gallo o las arrugas del cuello.
Otros usos de la toxina se encuentran en la mejora de las bandas verticales del cuello, en
la elevación o modificación de la forma de las cejas y en la atenuación de determinados
inestetismos causados por la contracción excesiva de determinados músculos de la nariz,
boca o la borla del mentón.
Aunque puede colaborar en su suavizado, la toxina no eliminará las arrugas estáticas ( las que existen aunque la cara no se
mueva y para las cuales existen otros tratamientos) o las arrugas verticales de los labios.
Además de en tratamientos estéticos, la toxina botulínica puede emplearse para tratar la hipersudoración de las axilas, palmas
de manos y pies, para tratar migrañas, determinados procesos musculares que cursan con contracturas o hiperactividad (tics, torticolis,
afectaciones cerebrales, estrabismo), etc. Muchos de estos tratamientos precisan dosis de toxina que pueden llegar a ser dos o
tres veces superiores a las necesarias para tratamientos estéticos.
Los efectos de la toxina pueden acentuarse en pacientes que estén tomando
antibióticos de l tipo Aminoglucósidos. El efecto de la toxina se
anula o es débil en aquello que toman D-penicilamida, Ciclosporina o
quinolonas. El uso de la toxina está prohibido en pacientes con Miastenia
grave o Síndrome de Eaton Lambert. Aunque no está demostrado que
tenga efectos indeseables en pacientes embarazadas, es aconsejable que
la paciente compruebe que no está embarazada.
Como potenciales efectos secundarios están los dolores de cabeza, debilidad
muscular en las áreas tratadas, enrojecimiento, dolor o caída de los
párpados. Cuando aparecen , suelen ser transitorios y de intensidad leve.
Esté totalmente seguro de que no hay casos descritos de botulismo por el
uso de toxina botulínica a las dosis recomendadas ya sea para la mejora
estética o de otras condiciones médicas.
Una vez estudiada la situación del paciente, se planifica qué áreas van a
ser tratadas y qué dosis se debe emplear en cada sitio. Es importante preguntar
al paciente por determinados tratamientos médicos ya que algunos
de ellos potencian la acción de la toxina y otros la neutralizan.
Una vez realizada la preparación de la toxina esta se inyectará minuciosamente
en los lugares seleccionados (ver figura). Para tratar las arrugas
del entrecejo suelen ser necesarias unas cinco punciones. El tratamiento
de otras áreas como las patas de gallo, las arrugas de la frente, la elevación
de las cejas o el cuello requerirá punciones adicionales. En total no
se debe sobrepasar el contenido de un vial ( 100 Unidades) y no se debe
repetir un tratamiento antes de que hayan pasado tres meses del anterior. Las punciones no suelen ser dolorosas al emplearse una
aguja muy fina.
En algunas ocasiones la infiltración se realiza durante un acto quirúrgico como la blefaroplastia o el lifting para mejorar los
resultados obtenidos por estas operaciones. Como norma, el efecto suele empezarse a notar a las 48 horas de la punción, alcanzándose
la efectividad total alrededor de la semana. Pasados unos tres a cuatro meses la efectividad va disminuyendo y , por tanto, el
paciente irá recuperando gradualmente la movilidad , reapareciendo las arrugas. No deben realizarse más de dos tratamientos al
año para facilitar la efectividad total de la toxina y optimizar su duración.
En el presente folleto habrá encontrado información resumida sobre cómo se tratan determinado tipo de arrugas y surcos mediante
el uso de toxina botulínica. Probablemente no responda a todas sus preguntas, pero le indicará en qué consiste, cuando y
como se debe realizar y qué resultados puede esperar de este tratamiento. Tenga en cuenta que este, como todos los tratamientos
estéticos, requiere de una exploración individualizada de cada paciente. Este tratamiento es transitorio y no pretende sustituir a
otros tratamientos quirúrgicos o no quirúrgicos. Siempre que el resultado le haya convencido deberá repetirlo con periodicidad
para mantenerlo.
Dr. Juan Monreal
Médico
Especialista en Cirugía Plástica, Estética y Reparadora
Presidente de la Asociación Española de Cirugía Estética Plástica
Miembro de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética
Miembro de la International Society of Aesthetic Plastic Surgery
Miembro de la International Federation for Adipose Therapeutics and Science
Hospital San Rafael
C/ Serrano, 199
28036 Madrid
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